viernes, 2 de octubre de 2015

HENTAI Y MADURAS EN EL PORNO GAY XXX

Definir el hentai no es tarea fácil, no es algo que se pueda hacer en unas cuantas palabras ni en una línea. Quizá por ello hay tanta confusión incluso entre los expertos en cultura japonesa, pero el caso es que se puede entender de varias formas, aunque en general se podría decir que engloba un deseo sexual perverso.



En palabras más directas y sencillas, el hentai sería lo pervertido, lo salido, pero si esta palabra de origen nipón se ha hecho conocida en todo el mundo es porque incluso los más despistadillos saben que, aparte de que “arigatou” es gracias y “sayounara” es adiós, “hentai” es la palabra o etiqueta bajo la que encontraremos productos de manga y anime (animación japonesa follando) de género erótico, por lo que tampoco es que se trate de perversiones oscuras y bizarras, sino simplemente de sexo más o menos explícito dentro de estos medios de expresión común y erróneamente asociados a los niños.

Hentai, todo un mundo

Dentro del hentai, como engloba tantísimas posibilidades, está claro que encontraremos de todo, y hay cosas muy enfermizas porque los japoneses otra cosa no, pero filias y parafilias tienen unas cuantas. Una de las imágenes o recursos más comunes en la animación erótica japonesa son los tentáculos monstruosos, una forma original de eludir la por otro lado seria censura que hay allí con el tema de la pornografía.

Allí no sirve avisar con un 18 en pantalla, ni con una señal acústica, ni esconder los contenidos. Incluso si somos mayores de edad, sabemos dónde buscar las cosas y las conseguimos, cogeremos un manga o los videos porno de animación y nos encontraremos con los omnipresentes genitales pixelados. Es lo que hay.

Pero en fin, decíamos que dentro del anime pornográfico se puede encontrar de todo, temáticamente no hay límite ni censura que valga. De hecho, hay géneros en los que se juega al límite con el tema de la edad, y de ahí que se haya montado más de una polémica con la animación japonesa en general, ya sabemos cómo son las polémicas: matan moscas a cañonazos.

Y, como se puede encontrar de todo, obviamente algo ya tan normalizado –aunque hay trabajo por hacer- como el sexo entre dos hombres (o dos mujeres) es también un subgénero dentro de la pornografía, tanto de imagen real como de dibujos animados. Solo hay que poner “hentai porno gay” en Google, así sin preocuparse demasiado por elegir las palabras más adecuadas, y nos daremos cuenta de que los portales de vídeo más conocidos –y también los que salen en páginas más avanzadas de los resultados- tienen este tipo de contenido entre los muchísimos que ofrecen para todos los gustos.

No debería sorprendernos: los fans del manga y el anime, a menudo llamados “otakus” –otra palabra que en Occidente usamos erróneamente pues en Japón tiene connotaciones más amplias-, son conocidos por vivir su afición y llevarla más allá de la simple lectura de un volumen de cómic o el visionado de un episodio de la serie de televisión. Hablan de ello en foros, se compran objetos relacionados con sus obras y personajes favoritos y todavía más: fantasean con posibilidades alternativas que muchas veces llegan a plasmar en relatos escritos o incluso cómics de su creación, conocidos como dojinshis.

Y, claro está, somos como somos: les gusta fantasear con que tal personaje se lía con aquel otro o que esa joven graba porno maduras, y de ahí a imaginarse la consumación de estas relaciones imaginarias hay muy poco trecho, por lo que las fantasías de los fans suelen ir por esos derroteros.


Además, las que más tiempo dedican a estas cosas son ellas, que siempre están viendo subtexto gay donde no hay, y los creadores de las obras ya dibujan a los personajes masculinos con un aspecto más bien afeminado, siendo el yaoi el género del manga en el que las relaciones sentimentales entre los personajes son homosexuales. Así que cuando se crea directamente hentai de género gay, con todo explícito, se hace sabiendo que hay un mercado para ello y serán muchas las usuarias –y no pocos los usuarios- que agradecerán la posibilidad de no tener que imaginar, de poder ver aquello que siempre han soñado.